Escritorios

Un escritorio se elige casi siempre por el ancho y casi siempre acaba estorbando por el fondo. Estos escritorios están pensados para una casa: el hueco que queda en el salón, la pared corta del dormitorio, el rincón donde trabajas un rato por la mañana y donde el resto del día vive el ordenador. Lo que decide aquí no es el estilo, sino si cabe, si se usa cómodo y si pega con lo que ya tienes.

Dónde va a vivir el escritorio

Antes de mirar modelos, mira la habitación. Contra una pared ciega es la posición más fácil: el mueble no discute con nada, la pantalla no recibe reflejos y te queda toda la superficie para trabajar. Es también la que menos condiciona el resto del cuarto, porque el escritorio se lee como una pieza más y no como una isla en medio.

Debajo de la ventana la luz natural es buenísima y la vista se agradece, pero conviene girar el tablero para que la ventana quede a un lado: de frente deslumbra y a la espalda se refleja en la pantalla. Si el escritorio va en un dormitorio, mira además si el cajón o la silla chocan con la puerta del armario.

Dos comprobaciones que evitan disgustos. La primera, el enchufe: si está en la otra punta, o mueves el escritorio o vas a convivir con una alargadera cruzando la habitación. La segunda, el sitio de la silla: cuenta entre 80 y 90 cm libres por detrás del tablero para separarla y levantarte sin arrastrar nada.

Ancho, fondo y altura: las tres medidas que deciden

El fondo es el que más se falla, porque en la foto no se ve. Con un monitor delante, 60 cm es el mínimo razonable para que la pantalla quede a la distancia del brazo estirado; con 70 u 80 cm te cabe además el teclado por delante, el cuaderno y la taza sin jugar al tetris. Por debajo de 50 cm ya es mesa de portátil, y se nota.

El ancho lo decide lo que pones encima, no la pared. Hasta 100 o 110 cm es medida de portátil y poco más. Entre 120 y 140 cm está la zona cómoda para trabajar con un monitor y tener sitio de sobra al lado. De 160 cm en adelante ya entra el segundo monitor, o bien una pantalla y una zona despejada para escribir a mano.

La altura del tablero ronda los 72-75 cm, y conviene comprobarla porque en casa es fácil acabar trabajando sobre un mueble que no estaba pensado para eso: una mesa de comedor va un par de centímetros por encima y una consola se va bastante más arriba. Esos centímetros de más se pagan en hombros y en muñeca. Si vas a estar horas, la otra mitad de la decisión está en sillas de oficina.

Hay una pregunta que condiciona las tres medidas anteriores: cuántas horas seguidas vas a estar sentado ahí. Con un uso repartido a lo largo del día, lo que ves en esta página va sobrado. Si el puesto es para trabajar ocho horas, en un despacho o en la oficina, los mínimos de fondo y de ancho suben bastante y esa compra se resuelve mejor en otra página.

Recto, esquinero o en L

El recto es el más versátil: va contra cualquier pared, se recoloca el día que cambies los muebles de sitio y encaja igual en un salón que en un dormitorio. Si no tienes clarísimo dónde va a acabar viviendo, es la apuesta segura.

El esquinero o en L aprovecha la esquina, que suele ser el metro muerto de cualquier habitación, y te da dos planos: uno para la pantalla y otro para escribir, dejar papel o poner la impresora. A cambio se ata a esa esquina, cuesta recolocarlo y obliga a medir las dos paredes, no solo la principal. En un cuarto pequeño libera la pared larga, que a veces es justo lo que necesitas.

Si la mesa la vais a compartir dos personas, el criterio deja de ser la forma y pasa a ser el ancho por cabeza y el paso de las dos sillas por detrás.

Madera o lacado blanco: el acabado también se usa

En casa el acabado no es solo estética, es uso diario. La madera y los chapados en tono natural aguantan bien el roce, disimulan las marcas y envejecen a favor; además ponen calidez en una habitación donde ya hay bastante plástico y pantalla. Es el acabado que mejor integra el escritorio con el resto del mobiliario cuando comparte espacio con el salón.

El lacado blanco y los tonos claros hacen justo lo contrario: desaparecen contra una pared clara y devuelven luz, que es lo que suele faltar en un rincón interior. A cambio enseñan más el polvo y los roces del canto, así que funcionan mejor con un tablero despejado.

Mira también el peso visual de la estructura. Unas patas metálicas finas dejan ver el suelo y hacen que la habitación siga pareciendo grande; un faldón o unos laterales cerrados ocupan mucho más aunque midan lo mismo. Y decide pronto si quieres cajones integrados —resuelven cables, cargadores y cuadernos sin añadir otro mueble— o un tablero limpio, con más sitio para las piernas y la opción de meter un módulo con ruedas debajo cuando haga falta.

Si a media tarde el cuerpo te pide cambiar de postura, mira los escritorios elevables, con el tablero regulable para trabajar también de pie. Una lámpara de sobremesa te da un punto de luz propio en el rincón donde la general no llega, y el conjunto del puesto está reunido en muebles de oficina.

¿No tienes claro si te cabe? Mándanos la medida de la pared y te decimos qué ancho entra sin comerse el paso. Te atiende David, que lleva la tienda y es interiorista, y el envío es gratuito a Península y Baleares.

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PREGUNTAS FRECUENTES

¿Qué medidas tiene un escritorio estándar?

La medida más repetida ronda los 120 cm de ancho por 60 de fondo, con el tablero a 72-75 cm del suelo: es lo que cabe en la mayoría de las habitaciones sin comerse el paso. A partir de ahí, el ancho lo decide lo que pones encima —entre 120 y 140 cm con un monitor, 160 cm o más si trabajas con dos pantallas— y el fondo, la distancia a la que quieres la pantalla: 60 cm es el mínimo cómodo y con 70 u 80 cm te cabe además el teclado por delante y sitio para escribir a mano.

¿A qué altura debe estar el tablero de un escritorio para un adulto?

Entre 72 y 75 cm del suelo al tablero. Es la altura estándar del mueble de trabajo y casi nunca se regula, así que conviene comprobarla antes de comprar: una mesa de comedor ronda los 75-78 cm y una consola puede irse por encima, y ahí es donde aparecen los hombros encogidos y la muñeca doblada. El margen para adaptarla a tu estatura lo da el asiento, y en casos extremos un reposapiés. Lo que no tiene arreglo cómodo es un tablero demasiado bajo.

¿Cuándo compensa un escritorio esquinero o en L?

Cuando la esquina de la habitación está muerta y necesitas dos planos de trabajo: uno para la pantalla y otro para escribir, dejar papel o poner la impresora. Aprovecha metros que de otro modo no usarías y, en un cuarto pequeño, libera la pared larga. A cambio se ata a esa esquina, cuesta recolocarlo y obliga a medir las dos paredes, no solo la principal. Si mueves los muebles a menudo o compartes la habitación, un tablero recto es bastante más flexible.

¿Es mejor un escritorio con cajones o sin cajones?

Depende de lo que guardes y de lo que ya tengas cerca. Los cajones integrados resuelven el día a día —cables, cargadores, cuadernos— sin añadir otro mueble, y son la opción cómoda cuando el escritorio comparte habitación con el salón o el dormitorio y no quieres que se vea el desorden. El tablero limpio, en cambio, deja más hueco para las piernas, admite meter un módulo con ruedas debajo el día que lo necesites y se adapta mejor si cambias de silla o de sitio.

¿Qué ancho necesita un escritorio para dos personas?

Calcula unos 120 cm de tablero por persona si vais a sentaros uno al lado del otro con ordenador cada uno, más un margen para no chocar los codos: a partir de 240 cm se trabaja con holgura y por debajo de 200 cm el sitio se nota justo. Si en lugar de al lado os ponéis enfrentados, lo que manda es el fondo, y hacen falta unos 140-160 cm para que las dos pantallas no se estorben. Y cuenta también el paso de las sillas por detrás, unos 80-90 cm para cada una.