NUESTRO CATÁLOGO DE MUEBLES CLÁSICOS
PREGUNTAS FRECUENTES
¿Cómo distingo un mueble clásico de uno colonial o de uno rústico?
Por el material que manda en la pieza. En el mueble clásico mandan la forma y la tela: silueta curva, brazos con cuerpo, proporción simétrica y una estructura que apenas se ve. En el colonial manda la madera oscura, con los herrajes a la vista y los frentes calados. Y en el rústico manda la madera desnuda, con la veta y el tono desigual como único argumento, sin ornamento. Truco rápido ante una foto: si lo primero que ves es el tapizado, es clásico; si son los herrajes, colonial; si es la propia madera sin disimular, rústico.
¿Tienen que ir a juego el sofá y los sillones?
No, y en un salón clásico casi siempre queda mejor desparejado. El conjunto completo con el mismo tapizado es lo que le da a este estilo su fama de salón de exposición: se lee como un lote, no como una casa. Funciona mejor un sofá que mande y uno o dos asientos distintos que lo acompañen. Lo que sí conviene mantener es la coherencia de altura y de tono, que los respaldos no se peleen en escala y que los tejidos estén en la misma familia de color aunque no sean el mismo. Y si dudas, desparejado perdona siempre más que casi igual.
¿Tapizado liso o estampado en un sofá clásico?
Liso en la pieza grande. En el registro clásico el dibujo es un condimento y no la base: en un sofá ocupa demasiada superficie, cansa antes que un liso y complica todo lo que pongas alrededor. Deja el estampado para lo pequeño y sustituible, cojines, una butaca o la cortina, donde puedes cambiar de idea sin cambiar de mueble. Y elige el tono mirando el suelo antes que la pared: la pared se pinta en un fin de semana y el suelo no. El acabado concreto de cada pieza lo tienes en su ficha.
¿Por dónde empiezo si quiero un salón clásico sin cambiarlo todo?
Por el sofá. Es la pieza que fija el estilo del salón entero y, una vez colocada, el resto aguanta mejor de lo que parece: la mesa de centro, el mueble de la televisión o las estanterías pueden seguir siendo de línea recta sin que la mezcla chirríe. Si quieres continuar, lo que más se nota después es un sillón que acompañe y algo de textil. La alfombra, la última: es lo que más ata el conjunto y conviene elegirla cuando ya sabes qué tienes delante.
¿El salón clásico es de esos que luego no se usan?
No, salvo que tú lo montes así. Lo que convierte un salón en zona de recibir no es el estilo clásico, es comprarlo entero a juego y llenarlo de cosas que hay que cuidar. Estas piezas están hechas para el uso diario y resultan cómodas precisamente porque no ahorran en volumen. Un sofá clásico con un plaid encima, una mesa de centro con marcas de uso y una alfombra que se pisa no pierden un gramo de elegancia: es justo entonces cuando el estilo deja de parecer un decorado y empieza a parecer una casa.